La historia del whisky escocés comienza a orillas del río Nilo

La primera referencia escrita en la historia del whisky escocés se remonta al año 1495, bajo el reinado de Jacobo IV, fecha en que figura en el Registro del Tesoro Escocés la inscripción “ocho bolls» de malta de Fray Juan Cor para destilar”. Sin embargo para hablar de los orígenes de este destilado debemos remontarnos 3.000 años antes de Cristo y trasladarnos a las orillas del Nilo.

La historia del whisky escocés: Destilación en el antiguo Egipto, alambique de la Edad Media y destilería y trabajadores del S. XIX

La historia del whisky escocés empieza en Egipto

Fue en el antiguo Egipto donde, obteniendo barnices y perfumes, nació el arte de la destilación. Un arte que se transmitirá y perfeccionará a través de los siglos por todo el oriente próximo.

El Whisky en la edad media

La Europa medieval, en su deseo de evangelizar esas tierras, a cambio de ofrecer el mensaje de Cristo recogió ancestrales conocimientos. Entre ellos, los de la destilación. Cruzados y monjes retornaban a sus tierras propagando los nuevos saberes por el viejo continente y así, en plena Edad Media, centenares de monasterios y abadías experimentaban el nuevo arte con frutas, granos, hierbas y flores. Lo que en un principio constituía una búsqueda de beneficios medicinales, más tarde despertó los placeres de los sentidos al saborear un trago de fuego ardiente.

Si ya desde entonces parece claro el afán del hombre por la destilación de diversos vegetales o cereales, lo que se desconoce a ciencia cierta es el momento y lugar en que comenzó a elaborarse lo que los monjes denominaron en culto latín aqua vitae o agua de vida. El gaélico de los celtas transformó el término en uisge beatha, palabra que se fue derivando y abreviando,primero en usqua, luego vuisky y, finalmente, whisky. Tampoco es fácil saber si los padres de la bebida fueron los monjes irlandeses o si los antiguos escoceses habían descubierto con anterioridad el secreto de su elaboración.

Desde esos momentos la Iglesia se afianzó socialmente y logró erigirse como único elaborador del aqua vitae. Durante años experimentó y perfeccionó la destilación buscando los mejores enclaves para emplazar sus abadías, siempre cerca de escogidos manantiales de aguas cristalinas. El pretendido monopolio de la Iglesia se veía atacado por las producciones caseras: los granjeros obtenían de sus propios destilados placer e ingresos extras para sus parcas economías.

S. XVI – S. XVIII: La batalla por la producción del whisky

Durante todo el siglo XVI las leyes escocesas intentaron tomar medidas para controlar la producción y venta del whisky, pero ninguna de ellas logró poner freno a su ascenso y popularidad. Los sucesivos impuestos sobre esta bebida contribuían tanto a la clandestinidad de la producción como al enriquecimiento del país.

En el siglo XVII, Escocia florecía con destilerías de todo tipo y condición, gracias, en parte, a la supuesta tacañería de los escoceses al tratar de aprovechar el grano que, en un clima tan húmedo,germinaba espontáneamente, dejando de ser apto para el consumo.

En 1707, tras la unión de los parlamentos británicos, se consiguió introducir cierto orden en el mundo clandestino de la destilación del whisky. El control era ejecutado por los estrictos inspectores fiscales ingleses y los empleados de aduanas, que se convirtieron en la bestia negra de productores y contrabandistas.

Paralelamente, el colonialismo del imperio británico y, de nuevo, la casualidad o el sentido del ahorro, produjeron la aparición de un nuevo elemento que otorga carácter al whisky que hoy conocemos: las barricas de roble, que se utilizaban para hacer llegar el jerez a Inglaterra, comenzaron a ser utilizadas en el proceso de envejecimiento.

La revolución industrial y la difusión mundial del whisky

A principios del siglo XIX, asentada la legislación e iniciada la revolución industrial, la producción del whisky se concentró rápidamente en unas pocas destilerías, grandes y eficaces, que terminaron de definir lo que actualmente se conoce en todo el mundo como Whisky Escocés.

Mientras en las Tierras Altas de Escocia los productores se especializaban en destilar whiskies únicos de malta (single malts), en el sur se producía whisky utilizando cebada, malteada o no, maíz y trigo, materias primas propias de la zona. Con procesos y alambiques menos complejos, obtenían el llamado “whisky de grano”, más suave que su hermano del norte.

Originariamente, la mayoría del Whisky Escocés se consumía localmente. Su fuerte sabor y marcado carácter no terminaba de ser apreciado fuera de Escocia. Fue en 1853 cuando a Andrew Usher se le ocurrió la feliz idea de mezclar whiskies de malta y grano. Los pioneros de la industria siguieron su ejemplo. Las nuevas mezclas se complementaban mutuamente y eran mucho más sabrosas, consiguiendo que, gradualmente, se extendiera el gusto por el whisky, primero en Inglaterra y luego por todo el mundo.